aflojar el ritmo y comer bien
Vamos contracorriente, en A Tavola recuperamos el chup chup, recuperamos la buena comida, la lentitud y la previsión.
el cocinero
4/13/20263 min read
La alimentación es probablemente el ámbito donde esta aceleración contemporánea de la vida resulta más evidente y donde sus consecuencias nos afectan de manera más directa, tanto física como culturalmente. El acto de comer ha pasado, en muchos casos, de ser un ritual fundamental a un mero trámite logístico.
La tiranía de la inmediatez: De la nutrición al combustible
Nuestra necesidad de respuestas y soluciones rápidas ha transformado nuestra manera de alimentarnos. Ya no comemos, "repostamos". En A tavola os pedimos simplemente de ser un poco previsores, para conseguir comer lo que os apetezca, cocinado en el día, poco antes que vengáis a buscarlo. También por esto os pedimos un día mínimo de antelación en las reservas.
¿El imperio del ultraprocesado?: No tenemos tiempo (o creemos no tenerlo) para ir al mercado, pelar, cortar y cocinar. Preferimos abrir un envase de plástico y calentarlo en el microondas durante tres minutos, o pulsar un botón en el móvil para que alguien nos traiga la cena en moto. En A Tavola intentamos echar un cable a quien desea comer bien, comer sano, comer variado pero no quiere, no sabe, no le apetece cocinar.
Comer sin parar: Hemos normalizado comer de pie, caminando por la calle o tecleando frente al ordenador. Al no darle al acto de comer el tiempo que requiere, el cerebro ni siquiera registra la saciedad correctamente, lo que nos desconecta de las señales biológicas más básicas de nuestro propio cuerpo. Nuestros platos requieren una mesa, unos cubiertos y compañía para disfrutarlos.
Un falso Carpe Diem gastronómico: La alimentación inconsciente
Igual que nos cuesta disfrutar del presente en otros ámbitos, en la mesa nos ocurre lo mismo. Hemos perdido la conexión sensorial con lo que ingerimos.
Comer frente a las pantallas: Cuántas veces cenamos mirando una serie, un telediario o deslizando el dedo por las redes sociales. Masticamos de forma mecánica. El plato se vacía y casi no recordamos a qué sabía la comida. No hay un disfrute real del presente; estamos físicamente en la mesa, pero nuestra mente está a kilómetros de distancia. La mejor forma de rebelarse a este estado de cosas es tener en el plato una comida deliciosa, rica, llena de sabor, que nos llame poderosamente la atención por su calidad. Este es el camino que deseamos recorrer juntos.
La comida como escaparate (El efecto Instagram): Por el lado contrario, cuando salimos a comer, a menudo nos obsesiona más que el plato luzca bien en una foto para demostrar a otros que estamos disfrutando, que disfrutarlo realmente. Es ese hedonismo ansioso del que hablábamos antes: consumimos la imagen de la comida más que la comida en sí. Nosotros en A Tavola no gastamos en paquetes bonitos, en contenedores extra lujo, en un escaparate lleno de comida exposición que a menudo se echa a perder. Hace años decidimos cocinar sólo las reservas recibidas con un día mínimo de antelación. Nos gastamos el dinero en el mejor producto y el tiempo buscando el mejor resultado personalizado para cada cliente.
La incapacidad de previsión: El coste en nuestra salud y tradición
No pararse a planificar un poco por lo menos el futuro nos aleja de nuestros deseos (y en este caso, de nuestro bienestar).
El abandono del "chup-chup": Los guisos de nuestras abuelas, que requerían horas a fuego lento, se están perdiendo. Esas recetas exigían previsión: poner las legumbres a remojo la noche anterior, vigilar la olla. Al perder la paciencia, estamos perdiendo nuestro patrimonio cultural y gastronómico. Esta es la comida que encontraréis en A Tavola.
La salud a largo plazo: La falta de planificación: simplemente elegir con paciencia una de las casi 100 propuestas de la web de A Tavola, puede empujar, si no tenemos tiempo para comprar, para cocinar!! Quizás empuje a tomar decisiones impulsivas y perjudiciales. Cedemos al antojo inmediato de azúcares y grasas de mala calidad porque estamos cansados y estresados, hipotecando así nuestra salud futura (obesidad, problemas metabólicos) por una gratificación instantánea de cinco minutos. Seáis curiosos, hasta los platos aparentemente menos “ligeros” que preparamos lo son si huimos de la obligación del plato único. Reducimos cantidades y variamos las dietas. No pidais 400 gramos de lasaña, pedido la mitad y una buena ensalada, por ejemplo una deliciosa caprese.
Ralentizar: La cocina como acto de resistencia
Encontrar el equilibrio en la alimentación significa, literalmente, volver a las raíces. No es casualidad que frente al Fast Food naciera en Italia el movimiento Slow Food, que reivindica exactamente lo que aquí proponemos: aflojar el ritmo.
Recuperar el control sobre nuestra forma de comer es, quizás, el primer paso y el más terrenal para recuperar el control sobre nuestro tiempo.
Nos encantaría echar una mano.
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